lunes, 1 de octubre de 2012

Los avistamientos del 11-S y su significado político



Los avistamientos del 11-S plantean un duro reto a las autoridades militares: llegar a interceptar a esa tecnología. Planteando esta situación desde una improbable “no recepción” del eco de estos objetos en los radares, habría que preguntarse qué habrían hecho aquel día los militares si los ecos sí se hubiesen materializado. ¿Habrían intentado derribarlos? ¿En el caso de poder hacerlo, habrían admitido que varios objetos voladores no identificados de procedencia no humana se estrellaran sobre Nueva York en medio de un atentado y con toda la población civil mirando? No, sin duda. Un marco incomparable y una decisión acertada de no hacerlo para no expandir el pánico aun más.




Durante años hemos visto películas en los que nuestros dirigentes salían en directo por las televisiones admitiendo la realidad OVNI ante un incidente. Todo muy de ciencia ficción no por el tema OVNI sino por el político admitiendo el caso. Ante la posibilidad de entablar un contacto amistoso o incluso de admitir la presencia de estos objetos en el cielo, lo cierto es que nuestros gobiernos están muy lejos de todo esto. Es el tema OVNI, el tema tabú número uno, tan increíblemente oculto a nivel oficial que parece que no existe. Incluso ante la desclasificación de informes OVNI del más alto nivel en países como España o Inglaterra y de colaboraciones con civiles y periodistas de investigación, en México y Chile, incluso con una pequeña apertura de todo esto, el tema OVNI sigue siendo el secreto mejor guardado de la historia de la humanidad. ¿Qué saben? ¿Qué tienen? ¿Por qué lo esconden? Si hubo un momento a mediados del siglo XX en el que la información tuvo que censurarse totalmente, por algo sería. No es un tema baladí. Es algo para lo que los gobiernos de todo el mundo tienen directivas completamente marcadas. Nuestro sistema político puede depender directamente de saber la verdad sobre este asunto; nuestra estabilidad estructural se basa en que tenemos (al menos nuestra clase dirigente tiene) el absoluto poder sobre los recursos de la tierra. ¿Se ve el tema de los OVNIS con un recelo tan existencialista y tan radical como si fuesen competidores por los recursos de nuestro mundo? ¿Qué tipo de conocimientos ansía tener el gobierno sobre el tema de los OVNIS y por qué no los ha compartido (si los tuviesen) con el resto de la humanidad? ¿Dónde comenzaría una revolución por sentirse engañados por nuestros políticos, es decir, donde está el límite de la sociedad con respecto a las llamadas “mentiras de estado”?

Es muy interesante valorar nuestro destino como especie desde un punto de vista organizativo. Nuestras reglas, nuestros límites los pone una clase dirigente que vive sin los problemas de las personas de la calle. “Bastante tenemos los de “a pie” por conseguir un trabajo y una estabilidad económica y emocional, como para además preocuparnos de cuestiones exopolíticas. Eso es del futuro, me han dicho alguna vez. Eso es política-ficción. Ahora lo importante es tener un trabajo, pagar tus facturas…” no les falta razón a mis contertulios. Pero nadie piensa en lo importante que podría ser descubrir gracias a estos objetos una nueva forma de energía que no se basara en los combustibles fósiles ni nucleares, las causas principales del deterioro de nuestra capa de ozono, y del calentamiento global. Nadie ha pensado en que es posible que estos seres puedan darnos nuevas pautas políticas y filosóficas para ponerlas en práctica en nuestro planeta. Es mejor ni pensarlo. ¿Para qué? Nuestro sistema “democrático” tiene tanto poder que es capaz de hacer y deshacer a su antojo. Tan fuerte que las manifestaciones son vistas desde los pisos de arriba “con cierta curiosidad ante lo que hacen las hormiguitas obreras y los zánganos”. Me encantaría pensar en que un ufogate se esté fraguando para que dentro de 10, 20 o “x” años, en donde la sociedad le hará estas mismas preguntas que le he ido haciendo yo en este libro a sus dirigentes. Pero seguramente “la bestia” quiera hablar por el pueblo una vez más en ese momento.  “Ese” poder infinito.

El avistamiento del 11-S es un reto ante ese poder infinito. Es una autoridad flotante no identificada. Con todos los grandes logros de la humanidad, ahora vivimos en una economía política fundamentalista. Bancos, sistemas de compras de viviendas esclavistas, macroeconomía para doblegar a la microeconomía, un desmadre político que ha tejido unas redes muy difíciles de plantear siquiera porque también son invisibles. Muchas personas pueden ver a los OVNIS del 11-S flotando con la libertad de actuación que nosotros ya no tenemos en este sistema corrupto de leyes convenidas. Aquellos objetos hicieron lo que quisieron, se presentaron ante el derrumbe de la seguridad militar del primer país del mundo. Un desafío ante los seres humanos, ante nuestro sistema. La utopía de que hay algo más que el horror de nuestro sistema.

Todos los seres humanos nacemos libres en derechos según las Naciones Unidas, pero es el propio ser humano el que se encarga de hacer que todo eso no sea verdad. Violencia, ansia de dinero, corrupción, intereses. Esta es la verdad. Un sistema de clases. Los OVNIS del 11-S clasifican al género humano en una sola clase con su sola visión. Solo somos nosotros ante ellos. Nosotros sin clases, ni distinciones, nosotros sin sistemas políticos que subyugan a nuestra dignidad y a la naturaleza de nuestro mundo. Nosotros, al fin y al cabo como lo que somos, un pequeño pueblo rudo en evolución en un planeta muy pequeño dentro de un sistema planetario alrededor del sol, estrella entre las mil millones de estrellas de nuestra galaxia entre mil millones de galaxias. Un toque de atención cósmico ante nuestra organización completamente local, la que nunca tiene en cuenta el todo, solo el “yo”. 

Un sistema político que se resquebraja en su esencia porque su esencia se vició de dinero. Un avistamiento de OVNIS que pone a cada uno en su sitio y que forma parte de un plan del que posiblemente nuestros gobiernos conozcan unos protocolos de emergencia para actuar y los estén retrasando. Pero es el ser humano el que debe actuar y pensar en lo que este avistamiento representa y en lo que realmente representa el poder que, por alguna razón o por otra, siempre se las ingenia para silenciar la verdad, y siempre consigue su propósito de desviar la atención. 




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